Aristóteles y El Motor Inmóvil.

ARISTÓTELES

“El primer principio es el mejor”

Introducción.

Dentro del caudal enorme de conocimientos estructurados, sobre “el ser en tanto que ser”,  que la Historia de la Filosofía le debe a Aristóteles, destaca el concepto del “motor inmóvil” que dio pie al monumental trabajo de la Suma Teológica de Santo Tomás de Aquino, para la demostración racional de la existencia de Dios.

Dicho concepto sigue siendo fuente de estudio y referencia invaluable para profundizar en el insondable conocimiento del Creador.

Aristóteles, en su Libro XII de la Metafísica, comienza explicando que, “hay tres esencias, dos sensibles, una de ellas eterna y la otra perecedera; […] esta última son las plantas, los animales, […] la esencia sensible eterna, [y] la tercera esencia [que] es inmóvil.” (p. 253).

En relación a las ciencias competentes para su estudio dice Aristóteles que, “las dos esencias sensibles son objeto de la física, porque son susceptibles de movimiento. Pero la ciencia inmóvil es objeto de [la filosofía primera], puesto que no tiene ningún principio que sea común a ella y a las dos primeras” (p.254), por lo que la esencia inmóvil queda exenta de la sujeción al tiempo.

“Hay necesariamente una esencia eterna, que es inmóvil.” (p.260),  y el objetivo de este ensayo es demostrarlo siguiendo a Aristóteles, mediante el análisis del Libro XII de la Metafísica.

El movimiento.

Es importante resaltar la observación de Aristóteles sobre aquello que, en el ser, es susceptible de cambio y, aquello que no lo es, ¿cómo descubrir lo que permanece siendo siempre lo mismo?, si “la sustancia sensible [la materia] es susceptible de mudanza” (p. 254), y sin embargo hay algo que permanece y hace que el ser sea lo que es a pesar de los cambios.

Aristóteles sigue el proceso deductivo de eliminación, definiendo primero lo que es el movimiento, y lo que lo causa, para después comprobar la posibilidad de la existencia de un ser, que como primer principio sea inmóvil y, al mismo tiempo, capaz de generar movimiento.

Primero establece que, todo movimiento es un cambio y en este sentido declara que, “hay cuatro clases de cambio: cambio de esencia, de cualidad, de cantidad, de lugar” (p.254), estos cambios, por supuesto, no se dan en sí mismos, sino en el ser del que son atributos, por lo tanto se requiere indagar la situación del ser para que éstos cambios sean posibles, el ser en cuanto compuesto, tiene dos coprincipios que son substancia y accidentes, y ambos son susceptibles de cambios, o movimientos del ser: “el ser en potencia y el ser en acto” (p. 254).

Por lo tanto, el movimiento es el paso del ser de la potencia al acto, y lo siguiente es descubrir qué inicia tal movimiento, por lo que Aristóteles se remite a los principios, buscando demostrar la existencia de un primer principio, que de no demostrarse conduciría al absurdo de una infinitud de principios que, por supuesto, ya no serían tales.

Los principios.

Por lo anterior, Aristóteles describe “tres principios: dos constituyen la contrariedad, de una parte la noción sustancial y la forma, de la otra la privación; y el tercer principio es la materia.” (p.255), pero ninguno de ellos puede ser el primer principio, porque sus características suponen un antes y un después, por lo que se requiere que, “fuera de estos principios [haya] el primero de todos los seres, el motor de todos los seres.” (p.258).

Aristóteles busca, mediante la razón, este primer principio, que debe ser uno, por lo tanto simple, y eterno, por lo tanto inmóvil.

Estas características imprescindibles en el primer principio excluyen la materia, por ser ésta compuesta y sujeta a cambio, en cuanto que, “el cambio tiene una causa y un fin. La causa es el primer motor, el sujeto es la materia, y el fin es la forma.” (p.255).

Otra consideración importante en cuanto al movimiento es en relación al ser agente y/o sujeto de movimiento, Aristóteles conceptualiza como “arte” el  “principio que reside en un ser diferente del objeto producido”, en contraste con la “naturaleza” que es el movimiento que “reside en el objeto mismo.” (p.255).

Debe existir un ser cuyo movimiento inmanente y trascendente no dependa de ninguna otra causa, debe entonces, existir una causa incausada.

“Los principios primeros de todos los seres son, de un lado, la actualidad primera, es decir, la forma, y de otro la potencia” (p.259), la relación del primer principio con el movimiento queda evidente, lo que sugiere además una sucesión de principio tras principio hasta el infinito, lo cual Aristóteles ya ha descartado como imposible, puesto que, “si la sucesión periódica de las cosas es siempre la misma, debe de haber un ser cuya acción subsista siendo eternamente la misma.” (p.261).

“Hay también algo que mueve eternamente, y como hay tres clases de seres, lo que es movido, lo que mueve, y el término medio entre lo que es movido y lo que mueve” Aristóteles establece que, “es un ser que mueve sin ser movido, ser eterno, esencia pura y actualidad pura.” (p.262).

Las causas.

Aristóteles define cuatro tipos de causas: la causa eficiente, la causa material, la causa formal y la causa final, de las cuales, “las causas motrices tienen la prioridad de existencia respecto de las cosas que producen; las causas formales son coetáneas con estas cosas.” (p.256).

“Nada se mueve por casualidad; es preciso siempre que el movimiento tenga un principio” (p.261), y “que su esencia sea el acto mismo” (p.260).

La explicación que da Aristóteles a la causa final es “lo deseable y lo inteligible [que] mueven sin ser movidos […]. Porque el objeto del deseo es lo que parece bello, y el objeto primero de la voluntad es lo que es bello” (p.262), y ése es el fin del movimiento, “de esta manera lo bello en sí y lo deseable en sí entran ambos en el orden de lo inteligible.” (p.262).

El motor inmóvil.

“El principio de todas las cosas [es] el bien por excelencia” (p.271), el bien conocido por la inteligencia y deseado por la voluntad.

Aunque Aristóteles no tiene el concepto de Dios Creador, sí concluye que, “el ser inmóvil mueve como objeto del amor, y lo que él mueve imprime el movimiento a todo lo demás.” (p.262).

“El motor inmóvil es, pues, un ser necesario; y en tanto que necesario, es el bien” (p.263), al que el resto de los seres son atraídos, “la vida y la duración continua y eterna pertenecen, por tanto, a Dios, porque esto mismo es Dios.” (p.263).

Conclusión.

Es por lo tanto posible la demostración de un primer motor, causa necesaria, inteligente y libre, que pone en movimiento todo cuanto existe, “una esencia eterna, inmóvil y distinta de los objetos sensibles […] que no puede tener ninguna extensión, que no tiene partes y es indivisible. Ella mueve, en efecto, durante un tiempo infinito.” (p.264).

El libro XII de la Metafísica, compendia todo lo que se puede deducir del ser en cuanto primer principio, motor inmóvil, causa incausada y fin último.

Y así como se puede conocer el ser en cuanto primer principio así también se pueden conocer al resto de los seres por sus fines, “el principio en la misión de cada cosa en el Universo es su naturaleza misma; […] y todos, en sus funciones diversas, concurren a la armonía del conjunto.” (p.270).

“Hay unidad en los números, en el alma, en el cuerpo, y en general unidad de forma y de objeto […] en virtud de la causa motriz.” (p.272).

El orden del universo sugiere una inteligencia ordenadora, cuyo poder es infinito y eterno, por lo tanto único, puesto que más infinitos se limitarían mutuamente, Aristóteles citando a Homero, concluye que, “el mando de muchos no es bueno, basta un solo jefe.” (p.272, cita de  Homero, Ilíada).

Bibliografía.

Aristóteles. Metafísica. (18ª. ed.). México. Editorial Porrúa. 2011.

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El Alma entre Platón y Aristóteles.

EL ALMA ENTRE PLATÓN Y ARISTÓTELES

Introducción.

Resulta reveladora la imagen donde, justo al centro de la obra de Rafael Sanzio, “La Escuela de Atenas”, Platón señale al cielo y Aristóteles señale a la tierra.

Esta sugestiva concepción de su pensamiento resume la manera en que cada uno aborda el tema del alma en cuanto a su análisis y su comprensión.

En el Fedón, Platón dice que, “nuestra alma, antes de venir a animar nuestro cuerpo, existe como la esencia misma; la esencia, es decir, lo que existe realmente”, esta alma desea retornar a su estado original, donde liberada de la materia, podrá contemplar en plenitud la Verdad, la Belleza y la Bondad.

Mientras que para Aristóteles, el alma y el cuerpo están fundidos sustancialmente, por lo que, en el De anima, explica que el alma es la autorrealización de la esencia en las apariencias del ser viviente. (Larroyo, Estudio Introductivo a la Metafísica).

La Teoría de las Ideas y la esencia del alma en Platón.

Según Platón, se llega a los conceptos mediante la reflexión, los primeros principios sólo se pueden ver a través de la inteligencia, una de las facultades del alma.

“Lo que la filosofía examina por los sentidos es sensible y visible; y lo que ve por sí misma es invisible e inteligible.” (Platón, Fedón).

A esta visión del conocimiento verdadero, Platón le da el nombre de idea.

Para hacer accesible el concepto de idea, Platón desarrolla el mito del Topus Uranus, un mundo  donde el alma humana contempla a los seres perfectos, las ideas, pero que es condenada a abandonar, para caer al mundo sensible quedando prisionera en un cuerpo, a partir de entonces, la misión del hombre consistirá en intentar regresar a este mundo.

Siglos más tarde, en los albores del cristianismo, San Agustín de Hipona, retomará la Teoría de las Ideas de Platón, para expresar el anhelo del alma por regresar a Dios.

Con base en su teoría, Platón explica el proceso del conocimiento como el contacto de los sentidos con la realidad material, de la cual se forma una imagen, cuyas características consisten en que es sensible, particular y capta los accidentes que permiten describirla, por otro lado, a partir de la imagen, el hombre llega a la esencia de esa realidad, y haciendo uso de la abstracción genera la idea que, a diferencia de la imagen, es intelectual, universal, capta la esencia y por lo tanto es posible definirla.

De esta manera, Platón une de forma admirable el pensamiento de Parménides, sobre el uno, inmutable y eterno, vinculándolo a la idea, con el pensamiento de Heráclito de que todo está en constante cambio, relacionándolo a la imagen.

Sin embargo, Platón considera indispensable despojarse del lastre de la materia, por eso expresa en el Fedón que, “la razón no tiene más que un camino que seguir en sus indagaciones; mientras tengamos nuestro cuerpo, y nuestra alma esté sumida en esta corrupción, jamás poseeremos el objeto de nuestros deseos; es decir, la verdad.”

Platón, con la Teoría de las Ideas, explica tanto el proceso del conocimiento como la inmortalidad del alma, así, “nuestra alma, antes de venir a animar nuestro cuerpo, existe como la esencia misma; la esencia, es decir, lo que existe realmente.” (Fedón).

Las ideas, por lo tanto, son las esencias universales que participan las características a los cuerpos sensibles y particulares.

En el Fedón, Platón resume maravillosamente este concepto diciendo, “la esencia sin color, sin forma, impalpable, no puede contemplarse sino por la guía del alma, la inteligencia; en torno de la esencia está la estancia perfecta que abraza la verdad toda entera.”

Aristóteles y la psiqué.

Aristóteles, como se dijo al principio, no está de acuerdo con Platón en cuanto a que el alma esté encerrada en el cuerpo, más bien sostiene que, “cuerpo y alma originan una síntesis, que es el yo.” (Gutiérrez Sáenz, 2006).

Aristóteles refuta la posición de Platón sobre las ideas como esencias, porque en su opinión, la esencia determina al ser, y lo que pasaría con la participación de las ideas sería una multiplicación de esencias tanto en las ideas como en los seres.

En primer lugar, el alma para Aristóteles es el principio que anima al cuerpo, así que reconoce, que las plantas y los animales también tienen alma, por lo tanto, de acuerdo a su grado de perfección existen el alma vegetal, el alma animal y el alma racional.

No se trata de que en el hombre convivan tres almas, más bien, se refiere a las diferentes funciones del alma, de las que se destaca la función racional, porque es la que le da sentido a su existencia.

“Preguntemos ahora si subsiste algo después de la disolución del conjunto. Tratándose de ciertos seres nada se opone a ello: el alma, por ejemplo, está en este caso, no el alma toda, sino la inteligencia”, explica Aristóteles en el Libro XII de la Metafísica.

Continúa Aristóteles comentando en el mismo libro que, “nosotros deseamos una cosa porque nos parece buena, y no nos parece tal porque la deseamos: el principio aquí es el pensamiento”, y puesto que, el alma racional es atributo del hombre, la inteligencia es constitutiva de su esencia.

Porque para Aristóteles, la esencia es de tres tipos: una esencia sensible perecedera que corresponde a las plantas y a los animales, una esencia sensible eterna, constitutiva del hombre, y una tercera esencia inmóvil, cuya actualidad es su vida perfecta y eterna, y que pertenece sólo a Dios. (Metafísica, Libro XII).

De esta manera se manifiesta el pensamiento de Aristóteles sobre que, las cualidades y los movimientos en el ser humano “son probablemente el alma y el cuerpo, o bien la inteligencia, el deseo y el cuerpo.” (Metafísica. Libro XII).

Conclusión.

Aunque las concepciones del alma entre Platón y Aristóteles, parecen discrepar radicalmente, un estudio menos superficial permite reconocer sus coincidencias.

El alma es la esencia que subsiste a pesar de los cambios, es la que le da a cada ser humano su identidad única e irrepetible, dice Aristóteles (Metafísica, Libro XII, p.255), donde radica su inteligencia y su voluntad, complementa Platón (Diálogos, Fedro, p.267).

Estoy consciente del escaso aporte que pudiera recogerse de este ensayo, sin embargo, el estudio que me implicó su elaboración ha enriquecido sustancialmente mis conocimientos y aprecio hacia Platón y Aristóteles, los más ilustres pensadores de la humanidad.

Bibliografía.

Platón. Diálogos. (32ª. ed.). Núm.13A. México. Editorial Porrúa. 2012.

Platón. Diálogos. (32ª. ed.). Núm.13B. México. Editorial Porrúa. 2012.

Aristóteles. Metafísica. (18ª. ed.). México. Editorial Porrúa. 2011.

Gutiérrez Sáenz, Raúl. Historia de las doctrinas Filosóficas. (38ª. ed.). México. Editorial Esfinge. 2006.

El Estado en Platón y Aristóteles.

“Un estado está mejor gobernado por un hombre bueno que por una buena ley.” Aristóteles. (Clarasó, 1970).

Introducción.

A pesar de la trascendencia de su pensamiento, Platón y Aristóteles fueron hombres de su tiempo, influenciados por los sistemas culturales y de gobierno imperantes durante su vida.

En este sentido, y bajo sus perspectivas filosóficas particulares, propusieron sistemas de gobierno que coadyuvaran al bien común.

El gobierno para Platón.

Por una parte, Platón analiza los niveles de conocimiento que debe alcanzar el hombre para ser capaz de elevarse al Bien y, poder entonces, gobernar con Justicia.

Antes nada, es importante recordar que Atenas, en tiempos de Platón, ya había experimentado el gobierno de un soberano, el gobierno de una élite preparada y el gobierno de los ciudadanos, habiendo sido este último el causante de la muerte de Sócrates, su maestro, quien dio ejemplo de congruencia al aceptar su sentencia por defender la verdad y la obediencia a las leyes.

Se hizo patente para el filósofo que, la ciudad estado de Atenas, estaba en franca decadencia, lo que le llevó a considerar las causas de tan malos gobiernos.

Platón, por lo tanto, no defendía un sistema de gobierno específico, puesto que todos habían demostrado su ineficacia en la administración de la justicia, más bien enfatizaba las características que el gobernante debería cultivar.

En La República comenta “con este designio os hemos dado educación más perfecta, que os hiciese más capaces que todos los demás de aliar el estudio de la sabiduría al manejo de los asuntos.” (Platón).

El alma del hombre, como la describe Platón en el mito del Carro Alado (Fedro o Del Amor), tiene tres potencias, la razón, la voluntad y las emociones, ordenadas a perseguir respectivamente, la sabiduría, la bondad y la concupiscencia.

De Sócrates había conocido que, sólo mediante la sabiduría se puede formar la conciencia moral, de otro modo se actúa bajo conjeturas y creencias que no siempre se ajustan a la verdad.

Con las potencias del alma, Platón formula las virtudes que deben regularlas, la Prudencia para la razón, la Fortaleza para la voluntad y la Templanza para la concupiscencia, cuyo equilibrio y armonía darán por resultado la Justicia.

Platón entonces, transporta este microcosmos humano a la sociedad, en los grupos específicos, de acuerdo a su actividad característica, otorgando a los gobernantes la facultad de la razón, seguro de que mediante la consecución de la sabiduría estarían perfectamente capacitados para ejercer prudentemente la justicia, dejando a los militares la facultad de la voluntad para defender el estado mediante la fortaleza y a los comerciantes y artesanos, los sentimientos y emociones para resolver las necesidades básicas de supervivencia.

Para Platón contemplar las “ideas” o esencias de las cosas, forzosamente conduciría al filósofo a preocuparse por sacar de la ignorancia a los demás hombres mediante un gobierno prudente y justo.

Sin embargo, la realidad le mostraría que, difícilmente el poder y la sabiduría, entendida como bien supremo, coinciden en la misma persona.

Además de que, la accesibilidad al poder, que ofrecía la democracia, dio origen a la retórica como medio efectivo de convencimiento para ganar la simpatía popular, en la mayoría de los casos basada en falacias, y enarbolada por los sofistas.

No son los ricos ni los muy pobres quienes deban gobernar, sino la clase media, más desprendida de los bienes que aquéllos.

Formas de gobierno según Aristóteles.

A Aristóteles, por su parte, le correspondió vivir como ciudadano de Macedonia, nación en proceso de conquista, con ese espíritu vencedor que inspiran las campañas expansionistas.

Su filosofía estará orientada a estructurar las formas de gobierno puras, que siguen fungiendo en el mundo a pesar del paso de los siglos, por lo que se le reconoce como fundador de la Ciencia histórico-descriptiva de la Política y de la Sociología Política.

Aristóteles, en el libro III, capítulo V, de su Política afirmó que “monarquía es aquel Estado en que el poder dirigido al interés común no corresponde más que a uno solo; aristocracia, aquel en que se confía a más de uno, y democracia, aquel en que la multitud gobierna en utilidad pública. Estas tres formas pueden degenerar: el reino en tiranía, la aristocracia en oligarquía, la democracia en demagogia”. (Borja, Enciclopedia de la Política).

En su opinión, todas las formas de gobierno son buenas, en cuanto que efectivamente velen por el bien común.

En cuanto al Estado, Aristóteles le describe de origen natural, puesto que lo considera mayor y anterior al hombre.

También la familia y la propiedad privada son, para Aristóteles, realidades que derivan de la naturaleza misma del hombre.

Aristóteles ofrece una distinción particularmente nítida entre deberes del sujeto consigo mismo y deberes del hombre con los demás. (García Maynes, 1989).

La ley no sólo es lo mandado por quien tiene a su cargo la función del gobierno, sino que requiere la prudencia, y la prudencia implica la rectitud moral de la intención. (Gutiérrez Sáenz, 2006).

La plenitud de la moralidad humana, en el concepto de Aristóteles, se encuentra en la comunidad política.

Aristóteles define al hombre como un animal político, por lo que, sólo en la sociedad política alcanzará su perfección y únicamente en ella logrará el bien en gran escala.

La injusticia es el mayor mal para Aristóteles.

Comentarios personales.

El carácter y sus profundas preocupaciones se ven reflejados en las perspectivas sobre el gobierno que ofrecen estos dos grandes filósofos.

Mientras que Platón se esfuerza por demostrar la importancia de la filosofía en aquellos que detentan el poder, para asegurar un gobierno justo dirigido por los mejores, Aristóteles, en cambio, analiza y plasma de manera estructurada los posibles tipos de gobierno y sus grados de corrupción.

Estos dos tratados sobre la política de los pueblos y sus muy especiales puntos de vista, permiten desarrollar un sentido crítico ante los regímenes actuales, tanto de la persona que gobierna como de los tipos de estado y sus formas de gobierno.

Ambos coinciden, sin embargo, en la moral que debe guiar al gobernante y en la Justicia como la virtud que debe regirlo.

 

Bibliografía.

Platón. Diálogos. (32ª. ed.) México. Ed. Porrúa. 2012.

García Maynes, E. Filosofía del Derecho. (6ª. ed.). México. Ed. Porrúa. 1989.

Gutiérrez Sáenz, R. Historia de las doctrinas filosóficas. (38ª. ed.). México. Editorial Esfinge. 2006.

Clarasó, N. Antología de Textos y Citas. Barcelona. Ediciones Acervo. 1970.

Borja, R. Enciclopedia de la Política. Recuperado el 25 de abril del 2015, de: http://www.enciclopediadelapolitica.org/Default.aspx?i=&por=f&idind=685&termino=

Fedón o Del Alma. Síntesis y Comentario.

Fedón o Del Alma. SÍNTESIS.

“Mientras tengamos nuestro cuerpo, y nuestra alma esté sumida en esta corrupción, jamás poseeremos…la verdad.” Sócrates. (Platón, Diálogos).

Este diálogo es relatado por Fedón a Equécrates, y en él describe detalladamente los últimos momentos de Sócrates el día en que se hizo realidad la sentencia de muerte, decidida para él, por el pueblo de Atenas.

Sócrates está ya próximo a tomar la cicuta, para dar cumplimiento a su condena.

Ante muchos de sus discípulos que, tristes no pueden dominar su emoción, Sócrates recapitula sobre sus enseñanzas para demostrarles, apoyado en el ejemplo, su convicción en la inmortalidad del alma.

Les explica que, el filósofo no se limita a las apreciaciones puramente sensibles de las cosas, sino que penetra, a la luz del intelecto, en su esencia misma, como el concepto de belleza y armonía, que forman parte del mundo de las ideas.

Este mundo en el que, forzosamente debió haber estado el alma antes del nacimiento, lugar donde entró en contacto con las ideas tal cual son, y que más adelante, le permitirá recordarlas en el proceso de aprender.

Con la frase, “lo propio y peculiar del filósofo es trabajar más particularmente que los demás hombres en desprender su alma del comercio del cuerpo”, Sócrates les explica cómo el verdadero filósofo busca alejarse de la materia, es decir, no estar sujeto a ella, para poder elevarse a conceptos como la virtud, la justicia y el bien, conceptos a los que sólo se podrá llegar cuando el alma pueda librarse del cuerpo, que siendo material, es corruptible.

Mientras el alma busque la verdad con el cuerpo, se engaña y es inducida al error, puesto que no es posible percibir la esencia de las cosas con algún sentido corporal.

Sócrates alude a las virtudes, como la templanza, la sabiduría, la fortaleza y la justicia, para explicar cómo pueden vivirse sólo cuando el hombre es capaz de dominar sus pasiones.

Más adelante, Cebes, uno de sus discípulos, comentará, “todos los hombres, si se les interroga bien, todo lo encuentran sin salir de sí mismos, cosa que no podría suceder si en sí mismos no tuvieran las luces de la recta razón.” (Platón, Diálogos). Expresando con esta afirmación la teoría de la reminiscencia, que se seguirá comentando en el transcurso del diálogo.

En cuanto a la subsistencia del alma después de la muerte, Sócrates lo demuestra mediante el conocimiento mismo, porque aquello que conocemos mediante los sentidos es perecedero, como el cuerpo, que está también sujeto a la descomposición, mientras que hay cosas a las que sólo podemos acceder mediante el pensamiento, como la igualdad, la belleza y la bondad, que al ser inmateriales, son por lo tanto, puras y simples como el alma, a través de la cual tenemos acceso a ellas.

Con estas y otras pruebas, Sócrates concluye que, “lo que es inmortal no puede perecer jamás, por mucho que la muerte se aproxime al alma, es absolutamente imposible que el alma muera;…así como el tres, y lo mismo cualquier otro número impar, no puede nunca ser par; como el fuego no puede nunca ser frío, ni el calor del fuego convertirse en frío.” (Platón, Diálogos).

Finalmente llega el momento de beber el veneno que Sócrates apura en paz, demostrando, también con su muerte, su conducta intachable siempre coherente con sus convicciones.

Fedón o Del Alma. COMENTARIO.

En este diálogo, Platón pretende demostrar la inmortalidad del alma a partir de su Teoría de las Ideas y su Teoría de la Reminiscencia.

En relación al Fedón, Abbagnano (1978) en su Historia de la Filosofía, comenta que, en el pensamiento de Platón, “la filosofía consiste en avanzar más allá de las apariencias y, ante todo de las apariencias sensibles.”

“La inmortalidad del alma es demostrable sobre la base de la doctrina de las ideas”, continua Abbagnano (1978), “el alma, en efecto, es, al igual que las ideas, invisible, y por tanto, presumiblemente, también indestructible.”

Otra prueba de la inmortalidad del alma es la teoría de la reminiscencia “puesto que demuestra su preexistencia.” (Abbagnano, 1978).

Platón aún escribe bajo la marcada influencia de su maestro. Y es de notar, la impresión que su muerte debió causarle.

Sócrates espera haber alcanzado la verdad y, bajo esa convicción acepta la muerte con serenidad.

Si sus suposiciones son ciertas, está a punto de gozar la belleza plena, pero si no, tampoco hay nada que temer, porque todo habrá terminado.

María Ethel Flores Morelos

Estudiante de Filosofía

IEST Anáhuac

Bibliografía.

Platón. Diálogos. Fedón o Del Alma. México. Editorial Porrúa. 2012.

Abbagnano, Nicolás. Historia de la Filosofía.Tomo I. (2ª. ed. Española). Barcelona. Montaner y Simón, S.A. 1978.

Menón o De la Virtud. Síntesis y Comentario.

Menón o De la Virtud. SÍNTESIS.

“Sólo dos cosas dirigen al bien: la opinión verdadera y la ciencia.” Sócrates. (Platón, Diálogos).

Menón se acerca a Sócrates para preguntarle si la virtud se puede enseñar.

Sócrates con su acostumbrada humildad (o ironía), propone definir primero el concepto de virtud.

A pesar de todos sus esfuerzos, Menón encuentra que todas sus definiciones de virtud están incompletas, y que la virtud requiere de justicia y sabiduría.

Mediante el uso de la Geometría, Sócrates intenta ayudarle a encontrar la esencia de la virtud, sin embargo, a Menón le es imposible definirla.

En vista de lo cual, viran el objeto de su conversación hacia cómo es que aprende el ser humano.

Lo anterior lo ejemplifica pidiéndole a un esclavo que resuelva con él un problema matemático, en el que el esclavo responde adecuadamente en relación a términos abstractos, sin embargo, no es capaz de llegar a la respuesta correcta, Sócrates demuestra que ahora el esclavo sabe más, porque salió de la ignorancia de creer saber algo que realmente no sabía.

Aquí, Sócrates expone el hecho evidente de que, mediante el método adecuado, las personas recuerdan (no aprenden), proponiendo de esta manera, la Teoría de la Reminiscencia.

“Luego”, dice Sócrates, “sil la verdad de los objetos está siempre en nuestra alma, nuestra alma es inmortal.” (Platón, Diálogos).

En este momento el tema se desvía a si la virtud es útil, con suerte que pueden comentarlo con Anito, joven político que, sólo se complica en sus opiniones y, termina retirándose molesto.

Sócrates, con todo, no quiere abandonar la conversación sin concluir por qué la virtud no puede ser enseñada por personajes conocidos como buenos gobernantes y, explica a Menón que, la causa de su incapacidad, se debe a que no eran sabios realmente, puesto que sus aportaciones favorables al Estado se debieron a opiniones afortunadas.

Menón o De la Virtud. COMENTARIO.

Este diálogo expone con precisión el pensamiento de Platón, bajo el pretexto de buscar la definición de virtud, a la que no se llega, propone los aspectos fundamentales de su doctrina como: las ideas, el proceso del pensamiento, la motivación de las acciones personales, las ciencias Matemáticas como el conocimiento más abstracto para acceder a la Filosofía, y la virtud imprescindible para gobernar a los pueblos.

En primer lugar, como en todos sus diálogos, Platón considera la intención de su maestro por definir los más importantes conceptos morales.

En seguida nos ilustra sobre la motivación de todo ser humano de obtener un bien, a pesar de que, la consideración de bien sea radicalmente objetiva e inmanente (o realmente un mal).

Platón aquí explica la capacidad de razonamiento del ser humano, su proceso de abstracción para llegar a las ideas, la esencia de las cosas, lo universal de las cosas percibidas.

Conociendo el pensamiento de Pitágoras, Platón hace uso de las Matemáticas como medio idóneo para evocar las Ideas.

Estando Platón convencido de que son los sabios quienes deben gobernar el Estado, se pregunta si algunos de sus gobernantes fueron virtuosos.

Sin agotar aún los temas de reflexión, Platón también desarrolla, en su diálogo del Menón, los grados de conocimiento que parten de la simple opinión (DOXA), para elevarse, pasando por la creencia y el conocimiento científico, al conocimiento filosófico (EPISTEME).

Y puesto que la mayoría de los hombres de estado se manejan dentro de los límites de la opinión, aunque acierten en sus decisiones, no tienen la capacidad de enseñar una virtud de la que carecen.

El diálogo del Menón es considerado de transición, los diálogos de este período se caracterizan por su lucha contra la sofística y, específicamente en éste, Platón presenta atisbos ya característicos de su propia doctrina.

María Ethel Flores Morelos

Estudiante de Filosofía

IEST Anáhuac

Bibliografía.

Platón. Diálogos. Menón o De la Virtud. México. Editorial Porrúa. 2012.

Mito de la Caverna. Síntesis y Comentario.

Mito de la Caverna. SÍNTESIS.

Este diálogo también es puesto en boca de Sócrates por Platón, en el libro VII de su obra La República de lo Justo.

En él, Sócrates relata “el estado de la naturaleza humana respecto de la ciencia y de la ignorancia” (Platón, Diálogos), mediante la representación de una oscura caverna con un largo pasillo hacia el interior, donde unos hombres encadenados y sin poder mover la cabeza, sólo perciben las sombras reflejadas frente a ellos de figuras que se mueven entre una hoguera y la pared levantada a sus espaldas, y que consideran la única realidad posible, escuchando los sonidos, estiman como reales los ecos de los mismos seres que mueven las figuras y, que parecen provenir de las propias sombras.

Entonces, uno de aquellos hombres encadenados es liberado y forzado a salir, en un primer momento se rebelará y no podrá reconocer lo que ve como realidad pues sus ojos no están acostumbrados a ver la claridad, le sorprenderá la hoguera y, a la luz de ésta, las figuras inertes cuyas sombras era lo único que él conocía.

Sin embargo, ahora es capaz de distinguir una pequeña luz al final del largo pasillo y se dirige hacia ella.

Cuando después de muchos esfuerzos este hombre consigue salir de la caverna y ver la luz del sol con la realidad tal cual es, su dicha es indescriptible, descubre la verdad, que es el pleno bien.

Él desea, ante su descubrimiento, volver con sus amigos para compartir con ellos las maravillas de su descubrimiento y liberarlos a todos.

Sócrates explica a Glauco cómo es parte del filósofo procurar la educación de los hombres a pesar de su renuencia.

La importancia de liberarnos de las apreciaciones sensibles para poder alcanzar el conocimiento de la verdad, de la esencia de las cosas.

Mito de la Caverna. COMENTARIO.

“Platón tiene la esperanza de idear un plan de educación que logre que los hombres sean como deben ser”, (C.M.B., introducción a los Diálogos).

Especialmente pone de manifiesto la búsqueda del Bien, para lo cual es necesario liberarse de la sola apreciación sensible de lo que conocemos  para ponernos en condiciones de elevar nuestro conocimiento a la actividad intelectual que nos permitirá aprehender conceptos absolutamente fuera del alcance material.

Pero, además, “el filosofar no es una actividad que encierre al individuo en sí mismo, antes bien, es la vida que le abre a los demás y le armoniza con ellos.” (Abbagnano, 1978).

“Así”, continua Abbagnano (1978), “el concepto platónico del filosofar es el más alto y más amplio que se haya nunca afirmado en la historia de la filosofía.”

El Mito de la Caverna expresa ese anhelo de Platón de librar al hombre de las ataduras de la ignorancia, intenta explicar el terrible abandono que supone creer que poseemos la verdad porque jamás nos hemos cuestionado nada.

Vivir encadenados en la caverna significa no cuestionar, conformarnos con lo mínimo indispensable para sobrevivir intelectualmente, es prescindir de la razón y obedecer sólo a nuestros sentidos.

El mito de la caverna debería ser el texto de cabecera de todo estudiante e investigador que sinceramente busca la verdad.

Sin restricción cultural de ninguna clase, el mito de la caverna, así como lo propone Platón, es la utopía que podría convertirse en realidad, si los seres humanos, mediante la razón, aprehendieran el bien.

María Ethel Flores Morelos

Estudiante de Filosofía

IEST Anáhuac

Bibliografía.

Platón. Diálogos. La República o De lo Justo. Libro VII. (32ª. ed.). México. Editorial Porrúa. 2012.

Abbagnano, Nicolás. Historia de la Filosofía.Tomo I. (2ª. ed. Española). Barcelona. Montaner y Simón, S.A. 1978.

Symposio (Banquete) o De la Erótica. Síntesis y Comentario.

Symposio (Banquete) o De la Erótica. SÍNTESIS.

Glaucón alcanza en el camino a Apolodoro y le pide que le relate los sucesos en casa de Agatón.

Apolodoro le aclara que se trató de una fiesta en honor de Agatón acaecida hace mucho tiempo y que le fue referida por Aristodemo de Cidatenes, quién sí estuvo presente.

Aristodemo le relató el evento de la siguiente forma:

Encontró a Sócrates calzando sus sandalias, contra su costumbre, dispuesto a asistir al festejo de Agatón por haber merecido un premio a su primera tragedia.

Sócrates al llegar felicita y alaga a Agatón por su premio, aunque éste reconoce su ironía.

Se siguen las ceremonias acostumbradas, himnos y libaciones en honor al dios Dionysos.

El médico Erixímaco recomienda a todos moderación en la bebida.

Coincide con Fedro en que al dios Eros no se le ha escrito ningún panegírico y propone que cada uno de los invitados improvise un discurso de alabanza al dios.

Inicia Fedro diciendo que Eros debe ser el más viejo de los dioses y el que hace más bien a los hombres.

Eros inspira la vergüenza del mal y la emulación del bien, valor y audacia.

Para Fedro, Eros es el más antiguo, el más augusto, el más capaz de hacer al hombre feliz y virtuoso durante su vida y después de su muerte.

Continúa el turno a Pausanias que, asevera que hay dos Eros, como hay dos Afroditas.

La Afrodita mayor, hija de Urano, a la que llamará Urania, y la Afrodita hija de Zeus y Dione conocida como la Afrodita popular, ambas con un dios Eros como ministro, uno celeste y otro popular.

Según Pausanias todo amor no es bello ni laudable, si no es honesto.

El Eros popular sólo inspira acciones bajas, dando preferencia al cuerpo sobre el alma.

Y concluye que es bello amar cuando la causa es la virtud, ése es el amor de la Afrodita Urania.

Erixímaco, por su parte, considera que el amor no sólo se encuentra en el alma de los hombres.

Establece el amor entre los contrarios.

En Erixímaco, el amor es poderoso y su poder es universal cuando se consagra al bien y se ajusta a la justicia y a la templanza.

Aristófanes relata que el hombre primitivo era andrógino, con cuatro brazos, cuatro piernas y dos rostros, y que, por intentar enfrentar a los dioses, en castigo a su soberbia,  fueron separados por Zeus, de ahí que cada hombre busque su otra mitad, nombrando a Eros como el deseo y persecución hacia ese antiguo estado.

Agatón, en su discurso, propone, en contraste con Fedro, que Eros es el más joven de los dioses.

Opina que lo semejante se une siempre a su semejante, y que es oportuno hablar sobre lo que es el amor y no sólo de sus beneficios.

Eros, según Agatón, es sutil, pues se posa en las almas y en los corazones.

Sólo de libre voluntad se somete uno a Eros.

Eros es justo, templado ya que domina sobre los placeres y las pasiones, y es el más fuerte porque posee a Ares el amor de Afrodita.

Eros es el maestro de todas las artes.

Llegado el turno a Sócrates, éste sugiere no elogiar, sino más bien hablar con la verdad.

El amor es el amor de alguna cosa, de una cosa que le falta.

Sócrates les refiere una conversación con una mujer de Mantinea llamada Diotima.

Según Diotima, Eros no es un dios porque desea las cosas bellas y buenas, siendo el deseo señal de privación.

Eros, por lo tanto, es una cosa intermedia entre lo mortal y lo inmortal.

Considera a Eros un intérprete y medianero entre los dioses y los hombres.

Diotima hace referencia a un mito para explicar la naturaleza de Eros, que relata de la siguiente manera:

Durante la fiesta celebrada con motivo del nacimiento de Afrodita, asiste Poros el dios de la abundancia, que satisfecho y ebrio sale al jardín y se queda dormido. Estando a la puerta Penia, diosa de la indigencia, aprovechó tal situación para unirse a Poros. Como fruto de esta unión nació Eros que no siendo absolutamente pobre por estar consciente de su carencia, permanece en continua búsqueda de la plenitud representada en su padre.

Es necesario unir al deseo de lo bueno, el deseo de la inmortalidad, porque el amor consiste en aspirar a que lo bueno nos pertenezca siempre.

Al espíritu corresponde producir la sabiduría.

La sabiduría más alta y más bella es la que preside al gobierno de los Estados y de las familias y se llama Prudencia y Justicia.

El mérito de esta vida consistirá en elevarse en los diversos grados de lo bello hasta alcanzar la Belleza eterna, increada, imperecible, exenta de aumento o disminución,  es decir, en la contemplación de la Belleza absoluta, pura, simple, sin mezcla.

Cuando terminó de hablar Sócrates llegó Acibíades para saludar y felicitar a Agatón.

Alcibíades elogia a Sócrates.

Symposio (Banquete). COMENTARIO.

El Banquete es considerado uno de los diálogos más importantes de Platón.

Mediante el mito de la unión de Poros, dios de la Abundancia, y Penia, de la Pobreza, que engendran a Eros durante la celebración del nacimiento de Afrodita, Platón explica la continua búsqueda de la verdad y sabiduría en el hombre.

Platón justifica, además, algunas actitudes humanas en función del amor que les mueve.

En otra parte, atribuye al amor el origen de las artes y de las ciencias.

Es significativo observar cómo en los discursos pronunciados en el convivio, a Eros se le atribuyen características humanas: joven, viejo, delicado, fuerte, pacífico, reconciliador; estas apreciaciones se diluyen a partir de las palabras de Sócrates y los consejos de Diotima, dando lugar al pensamiento puro.

En este diálogo, Platón desarrolla su teoría del amor, que dista mucho de la concepción actual del término, por lo que se impone una explicación más amplia.

La Belleza no es un concepto, no se puede definir, es lo que le da sentido, orden y equilibrio a las ideas.

Lo bello del cuerpo es sensible y particular, es el primer paso para conocer (EROS), que conduce a encontrar la esencia del amado (STORGÉ), este siguiente paso reconoce a la persona con su dignidad inalienable común a todos los demás, lo que forzosamente inspirará, al ser que ama, el deseo de promover la perfección del amado  realizando acciones con este fin (PHILIA),  lo que redundará en un amor perfecto (ÁGAPE), basado no en apreciaciones materiales, mudables y por lo tanto imperfectas, sino en conceptos, simples, inmateriales e infinitos, esta elevación del amor culminará en la contemplación última de la Belleza, el amor perfectamente ordenado y libre de cualquier imperfección.

El amor platónico se expresa además, en la identificación de Eros con la Filosofía que, partiendo de la percepción sensible, esto es, de la imagen particular, extrae los conceptos universales que, al poseerlos desea compartirlos para llegar a conocimientos cada vez más perfectos y cada vez más alejados del mundo material, dando lugar a la ciencia, hasta llegar al Bien supremo que es la Belleza, la plenitud en el orden.

Según L. Robin en su obra La teoría Platónica del amor, citado por Larroyo en la introducción a los Diálogos (2012), “el amor platónico, en suma, busca la perfección en el ser amado y aspira de manera activa y constante a la realización e incremento de los ideales. Por ello, como las personas, las obras y las cosas reciben su dignidad y hermosura de las Ideas, el verdadero amor se eleva de los cuerpos a las Ideas.”

María Ethel Flores Morelos

Estudiante de Filosofía

IEST Anáhuac

Bibliografía.

Platón. Diálogos. Symposio (Banquete) o De la Erótica. México. Editorial Porrúa. 2012.